
Oasis prodigioso
Cada sábado van cayendo, como rocío, decenas de personas para recolonizar la tarde a su antojo, entre melodías que siguen pidiendo décadas, por su sana letra, nostálgica melodía y nobleza del tiempo en que surgieron

Cada sábado van cayendo, como rocío, decenas de personas para recolonizar la tarde a su antojo, entre melodías que siguen pidiendo décadas, por su sana letra, nostálgica melodía y nobleza del tiempo en que surgieron

Cada sábado van cayendo, como rocío, decenas de personas para recolonizar la tarde a su antojo, entre melodías que siguen pidiendo décadas, por su sana letra, nostálgica melodía y nobleza del tiempo en que surgieron

“Juro por Dios que era un gato lo que se cruzó en mi camino. Ahora tendré mala suerte, y algo malo, muy malo”, musitaba mientras

Cuando aquel 29 de junio de 1856 el improvisado aeronauta dejó abajo el Paseo del Prado, a bordo de su globo, lejos estaba de imaginar que pasaría a la historia y dejaría una expresión oral para la posteridad

“Aquí nadie es químicamente puro”, vocifera y, para dejar constancia, pasea la lengua por toda la parte superior de la dentadura, escupiendo de inmediato par

“Juro por Dios que era un gato lo que se cruzó en mi camino. Ahora tendré mala suerte, y algo malo, muy malo”, musitaba mientras

Cuando aquel 29 de junio de 1856 el improvisado aeronauta dejó abajo el Paseo del Prado, a bordo de su globo, lejos estaba de imaginar que pasaría a la historia y dejaría una expresión oral para la posteridad

“Aquí nadie es químicamente puro”, vocifera y, para dejar constancia, pasea la lengua por toda la parte superior de la dentadura, escupiendo de inmediato par






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