Mamá, puede que lo que te sostenía se rompa: una etapa, un plan, una fuerza, una estabilidad. Pero Dios te llevará a salvo a tu destino. Él es la mano que te levanta, la paz en tu corazón y la dirección para tu hogar.
La feminidad cristiana no depende del mundo, sino de Jesús.
La modestia, la fe y la maternidad con propósito florecen cuando aprendes a descansar en Él...