A diferencia de los anexos tradicionales, la rehabilitación a personas con problemas de adicciones con asistencia psicológica y espiritual ofrece respeto, dignidad y mejores resultados, sostuvo el pastor cristiano Valentín Bustos Cabrera. Tres internas del Centro de Fe, Esperanza y Amor expusieron que vivieron desagradables experiencias en otros hasta llegar al albergue femenil de la Iglesia del Pueblo, donde encontraron un lugar de paz, reflexión, apoyo emocional y respaldo religioso.
00:01Sí, pues tenemos de acuerdo que cuando hay un lugar mixto, hombres y mujeres, pues vienen de la activa, ¿me entiendes?
00:08Y despiertas lujuria, despiertas muchas cosas que no te van a ayudar a tu rehabilitación.
00:14El aislamiento y estar completamente alejado, ¿me entiendes?
00:18Del sexo opuesto, te ayuda mucho a valorarte como mujer, a valorarte como ser humano y sobre todo a darte respetar.
00:26Entonces, no quiero hacer esto como que estoy atacando a algún centro de rehabilitación o algo, simplemente para hacerle conciencia a la comunidad y a la sociedad de la importancia, ¿me entiendes?
00:40Que son ellas como mujeres, todos son importantes, los hombres también, pero nosotros nos enfocamos mucho, ¿me entiendes?
00:48En la dignidad de ellas, en la rehabilitación de ellas, porque ellas son las que son el motor del hogar, son el motor, son el timón de la casa.
00:58Entonces, cuando una mujer cae, pues se tambalea todo el barco.
01:01El llamado que hacemos a la sociedad es, realmente, cuando vamos a pedir ayuda para una mujer, realmente identificar, ¿me entiendes?
01:12En qué se basa la terapia de recuperación, qué tiempo hay, ¿me entiendes?
01:17Si son completamente puras mujeres, si hay hombres, la vestimenta que permiten, y todo eso creo que es importante para ellas.
01:29Mi experiencia, pues es que estoy aprendiendo, ¿verdad? A valorarme como mujer, con las pláticas de la psicóloga, que hay puras mujeres, y me siento bien, ¿verdad?
01:40Porque en el otro anexo, pues no tenía, no hablaba con psicólogos ni nada, era puro, pues maltrato, ¿verdad?
01:48Y aquí, pues, gracias a Dios nos están enseñando la palabra todos los días, y estoy muy contenta.
01:54¿Puedes platicar un poquito qué clase de maltratos?
01:56Pues, nos castigaban por cualquier cosa, en el anexo que estaba yo, ¿verdad?
02:02Y, este, nunca nos enseñaron la palabra de Dios, ni un día que estuve yo internada, fue que me hablaran de Dios, ¿verdad?
02:11Era, si volteas a ver la compañera, pues ya ibas tincada o algo así, y, este, pero nunca nos enseñaron la palabra de Dios, y eran puras maldiciones,
02:19nunca nos decían que no dejaban maldiciones, y aquí es muy respetuoso, aquí no nos dejan echar ni una maldición.
02:26Pues, yo, en mi anexo, pues, yo llegué a ver, pero por parte de las mujeres, ¿verdad?
02:35O sea, por parte de las servidoras, de las encargadas, ¿verdad? De ese lugar.
02:39Ese anexo, pues, es de mujeres, y si hay un padrino, o sea, un hombre, que es el que nos daba las clases, que es el que se encargaba,
02:48y si es un poco incómodo, porque, pues, ahí te dejan tener chores cortitos, ahí te dejan, pues, te dejan vestirte de la manera que tú quieres,
02:59y es incómodo que, pues, por parte haya un solo hombre, ¿verdad? O sea, un hombre viéndote.
03:06Y, pues, mi experiencia, verdad, es de que es algo muy reconfortador, ¿no?, el saber, ¿no?, que puedes entrar a un lugar de cambio,
03:13a un lugar de cambio, pero al igual que mis compañeras, o sea, sí es muy diferente, ¿no?, un centro de rehabilitación cristiana,
03:19a un anexo normal, porque, pues, sí, es la verdad, ¿no?, este, es como estar allá afuera, ¿no?, andar en la activa, pero encerrada,
03:27porque es fumar, es decir groserías, escuchar canciones del mundo, literal, haces todo, ¿verdad?, lo que haces allá afuera,
03:34simplemente en unas cuatro paredes, hablas de lo mismo, ¿verdad?, hablas de cómo andabas tú allá afuera, de lo que hiciste,
03:41cosa que se debe de quedar en el pasado, ¿no?, cosa que tienes que cambiar, tienes que cambiar tu manera de pensar para poder cambiar tu manera de vivir.
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