Pionera de la llamada Nueva Ola Griega o Greek Weird Wave, que lanzó a la fama a Yorgos Lanthimos, de quien fue su productora, Athina Rachel Tsangari se forjó una reputación con sus tres largometrajes iniciales: The Slow Business of Going (2000), Attenberg (2010) y Chevalier (2015), habladas en su idioma de origen. Para su cuarto largometraje, estrenado el año pasado en el Festival de Venecia, eligió adaptar una novela del británico Jim Crace y rodar en escenarios naturales de Escocia, con actores de la región. El problema de Harvest (Cosecha), que ahora llega a la plataforma MUBI, es que su deliberada universalidad folk, que prescinde de épocas y espacios geográficos precisos, la vuelve una alegoría indeterminada, sin un objetivo puntual más allá de los obvios cuestionamientos al poder feudal y patriarcal.
La película se inicia como un canto a la naturaleza, con un hombre joven que recorre un paisaje virgen, de ensueño, y se sumerge en él de todas las maneras posibles: se lanza desnudo a nadar al lago, pero también se alimenta de los musgos que crecen en las ramas y celebra extasiado la transformación de una crisálida en mariposa. Ese mundo, sin embargo, no es tan bucólico como parece: tiene dueño, que está dispuesto a derribar los árboles si solamente están allí para producir sombra. Y la sombra no da rédito.
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