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martes, 15 de enero de 2013
La noche más oscura (Zero dark thirty)
Kathryn Bigelow vuelve a las revueltas arenas del desierto de Oriente Medio para contarnos cómo fue la investigación previa que culminó con la captura de Osama Bin Laden, el hombre más buscado de la historia
Parece que Kathryn Bigelow le ha pillado el gusto a contar historias sobre la guerra contra el terrorismo. Puede que la reconstrucción de los hechos sea muy fidedigna, tanto que hasta la CIA está investigando quién les ha pasado tanta información (o eso dicen) y puede que el estilo neutro de la Bigelow sea el más adecuado para este tipo de historias, pero a mí me dejó frío. No puedo decir que esté mal rodado o que no tenga escenas de planificación y ejecución ejemplares, pero el film, en su conjunto, no me dijo nada. Siento ir en contra de la crítica generalizada que ha puesto por las nubes a esta película (probablemente hayan sido torturados previamente por la CIA), pero no comparto esa opinión.
Y mira que la película empieza bien. El escalofriante inicio con la pantalla en negro y los gritos de las víctimas del ataque a las torres gemelas no puede ser más sobrecogedor. Buen inicio, sí señor. Pero los siguientes 30 minutos de interrogatorios y torturas no me atraparon. A partir de ahí el film va remontando pero ya era demasiado tarde para mí. Su mayor problema es que se alarga hasta casi las tres horas ¿Es que no hay manera hoy en día de contar una historia sin irse más allá de las dos horas y media?. Bigelow siempre me ha parecido una directora muy justita, por no decir mediocre. De su filmografía sólo salvo En tierra hostil, quizás fue suerte. Ahora sigue la línea de su anterior film, pero esta vez no hay un protagonista que nos ponga de los nervios arriesgando tontamente su vida ni un mortal villano sin cara. El escenario es casi el mismo pero el resultado del juego es muy distinto. Ya comenté al hablar de En tierra hostil que su excesiva duración era su mayor problema, Bigelow repite el mismo error en Zero dark thirty. Parece que le cuesta centrarse en lo fundamental dando al film un ritmo irregular que no llega a atrapar nunca.
Tampoco conecté con la inexpresiva Jessica Chastain, su personaje no transmite nada durante casi todo el metraje, sólo al final deja entrever algo de su frustración e ira (muy bueno lo de los números en el cristal o las broncas con el jefe). Es un personaje muy interesante, una joven agente que se ha dedicado en cuerpo y alma durante toda su carrera profesional a la caza de Bin Laden. Sin amigos ni vida personal, en ella parece recaer todo el peso de la obsesión de todo un país por encontrar a su mayor y más mortal enemigo. Sin embargo, a Bigelow no parece interesarle profundizar en los personajes, sólo le interesa contar la captura de Bin Laden. Para esto yo prefiero un documental, una película debe ser otra cosa.
Bigelow sólo expone los hechos, sin patriotismo ni sensacionalismos baratos, es cierto, pero sin alma ni pasión. Tampoco parece que Bigelow quiera hacer leña del árbol caído ni quiera centrarse en los aspectos más tenebrosos de la lucha contra el terrorismo. Muestra torturas y cárceles secretas, cita el pago de millones de dólares a confidentes que resultar ser terroristas y otras cosas que en manos de otro director (estoy pensando en Oliver Stone) serían más que suficientes para hacer un gran film de denuncia. Sí, Estados Unidos se ha convertido (ya lo era) en un monstruo para derrotar a otro. Su obsesiva búsqueda de Bin Laden le ha llevado a ser una máquina de mentir, confundir y torturar (todo ello fuera de su territorio, of course). Pero Bigelow sólo lo muestra de pasada, sin cuestionarlo. Por ejemplo, se da por hecho que se puede violar el espacio aéreo de un país soberano, nadie lo cuestiona en el film. Igualmente se da por hecho que la tortura es necesaria. El fin justifica los medios, o eso es lo que parece decir Bigelow. Espinosa cuestión no exenta de matices.
No había manera de contar esta historia fielmente sin mostrar los trapos sucios y Bigelow los muestra, pero la escena inicial ya condiciona al espectador y le hace justificar todo lo que venga después. No veo propaganda ni patrioterismo en este film, la verdad, tampoco veo crítica alguna. Sólo veo unos hechos mostrados sin pasión ninguna.
No es una mala película, pero a mí me dejó frío.
P.d.: ¿A quién demonios se le ha ocurrido traducir el título de esta película como La noche más oscura?
domingo, 11 de septiembre de 2011
Fábrica de espías

¿Se pudo haber evitado el 11-S? ¿Es cierto que los terroristas del 11-S se alojaban muy cerca de la sede de la agencia gubernamental que los investigaba y que ninguno de ellos fue consciente de ello? ¿Es posible que el FBI, la CIA y la NSA estuvieran tan mal coordinados entre sí y no se pasaran información que pudo haber evitado los atentados? ¿Existe realmente privacidad en la red? ¿Es cierto que servicios de inteligencia registran todos nuestros mensajes de texto o e-mails e incluso pueden oír nuestras conversaciones privadas?
Ahora que se cumplen diez años del 11-S, cuelgo este documental que relata el seguimiento que diversos servicios de inteligencia norteamericanos llevaron a cabo sobre los terrorista de Al-Qaeda que acabaron perpetrando los atentados. El documental acaba planteado una dura reflexión sobre la difusa frontera entre libertad y seguridad. Aterrador.
lunes, 2 de mayo de 2011
El terrorismo en el cine

Por mucho que nos pese, Bin Laden ha dejado huella en el cine. Como Hitler o Rasputín, su nombre está ligado en la cultura popular a la más pérfida maldad. Pero no es otro hombre del saco, otro difuso enemigo de la sociedad. Su amenaza era y es real. Su organización terrorista Al Qaeda y sus terribles atentados por todo el mundo han generado en las últimas décadas una ola de terror a la cual el cine no podía ser ajeno. No olvidemos que incluso ha generado varias guerras con cientos de miles de muertos. Obviamente las aproximaciones cinematográficas a la figura de Bin Laden han sido tangenciales, no hay un film sobre su vida (seguro que ya lo están preparando) pero sí hay muchos que tratan temas relacionados con el terrorismo.
Ya antes de los atentados del 11-S el terrorismo ya se había tratado en el cine. Quizás la primera aproximación al tema fuera del maestro Hitchcock con Sabotaje, la mujer solitaria (1936), en la que una mujer sospecha que su marido le es infiel pero acaba descubriendo que es algo mucho peor: un terrorista. El día del Chacal es una novela de Frederick Forsyth en la que se relata el intento de asesinato del entonces presidente de Francia Charles de Gaulle a cargo de un implacable terrorista. El libro tuvo una versión cinematográfica llamada Chacal (o El día del chacal) en 1973 de la mano de Fred Zinnemann. Lo curioso es que el famoso terrorista Carlos tenía una copia del libro entre sus pertenencias al ser detenido y desde entonces se le conoce también como Chacal. La figura del terrorista Carlos (Ilich Ramírez Sánchez ) inspiró el film Caza al terrorista así como una reciente biografía llamada simplemente Carlos. Lo curioso es que el famoso terrorista Carlos tenía una copia del libro de Forsyth entre sus pertenencias al ser detenido y desde entonces se le conoce también como Chacal. Durante décadas Carlos/Chacal fue el terrorista más famoso del mundo.
Antes del 11-S los terroristas eran unos villanos bastante recurrentes para Hollywood, no eran tomados como una amenaza real ni como un problema realmente serio. Eran unos villanos bastante poco probables, como una gran catástrofe o una invasión alienígena. Una excusa para films de acción de Chuck Norris o Steven Seagal. Películas como La jungla de cristal o Regreso al futuro tienen como villanos a terroristas alemanes o libios. En Air force one los villanos son terroristas de una ex república soviética y en Speed un terrorista colocaba una bomba en un autobús que no debía aminorar nunca su velocidad o saltaría por los aires. Otras veces eran vistos como héroes románticos que buscaban la libertad de su oprimido país, incluso tuvieron las guapas caras de Richard Gere o Brad Pitt. Qué demonios, incluso John Rambo (el héroe americano por excelencia de la era Reagan) se alió con los talibanes para expulsar a los rusos de Afganistán en Rambo III. Vista con la perspectiva que da el paso del tiempo, la película viene a justificar que Estados Unidos formara y financiara a los talibanes, algo que, a la larga, resultó ser un gran error. Como vemos, las consecuencias de la Guerra Fría tardarán mucho en desaparecer.
Sólo en Europa se tomaba en serio un problema tan terrible con films como En el nombre del padre, The boxer (ambas de Jim Sheridan), Michael Collins, Juego de lágrimas (ambas de Neil Jordan) o Agenda oculta de Ken Loach. Ken Loach, fiel a sus principios, introdujo con Agenda oculta el peliagudo tema del terrorismo de estado. El estado también ha sido visto por el cine como un terrorista, una amenaza para el pueblo. Ya lo decía Maquiavelo en siglo XVI: para un gobernante es más seguro ser temido que amado. Para el escritor Alan Moore, "los estados deberían temer a sus ciudadanos y no al revés" como se deja claro en su novela gráfica V de vendetta y que también estaba presente
en la aceptable adaptación cinematográfica.
Lamentablemente, el tema del terrorismo ha tenido una especial repercusión en el cine español. En España se han hecho bastantes películas sobre el tema aunque quizás aún falte de hacer la película definitiva sobre ETA y la guerra sucia contra ella. Con la transición política se hicieron bastantes acercamientos al tema, cabe destacar a Inamol Uribe y sus tres películas sobre el tema: El proceso de Burgos, La fuga de Segovia y La muerte de Mikel. Con el tiempo el tema se fue abandonando, supongo que por un hartazgo del espectador ante este tipo de cine o por la aparente ambigüedad moral que muchas películas presentaban. No siempre la condena de la violencia era todo lo explícita que muchos desearían. Un ejemplo, en Días contados, Uribe volvió sobre el tema del terrorismo pero presenta al terrorista como un buen tipo (Carmelo Gómez, nada menos) que tiene un único y pequeño defecto: es terrorista. En el film no hay buenos ni malos. Lo curioso es que en la novela original el personaje protagonista es fotógrafo, Uribe cambió la profesión y todo lo demás sigue igual. Lo siento, pero no es lo mismo hacer fotos que matar gente ni puede tener las mismas repercusiones dedicarse a una cosa u otra. Demasiada ambigüedad moral una vez más. Tampoco Yoyes, ni Lobo, ni GAL me parecen grandes películas. Son buenos intentos de abordar el tema, pero fallidos en su conjunto. Cabe mencionar la patochada que hace Alex de la Iglesia sobre el asesinato de Carrero Blanco a manos de ETA en esa astracanada llamada Balada triste de trompeta.

Volviendo a los USA, en 1999 se estrenan dos películas que se pueden considerar como precursoras de la psicosis que asoló a Estados Unidos y medio mundo tras en 11-S. Por un lado está El club de la lucha (de la cual ya hemos hablado aquí alguna vez) y Arlington Road: Temerás a tu vecino. Arlington Road es un interesante thriller algo olvidado que vale la pena recuperar ya que consigue meter el miedo en el cuerpo del espectador. El film te hace pensar seriamente sobre la psicosis en la que puede caer una persona o todo un país tras un atentado terrorista. En el film, Jeff Bridges es un profesor de universidad especializado en terrorismo que ha perdido recientemente a su mujer, el comportamiento de sus nuevos vecinos le hará sospechar de sus intenciones. Puede que todo sean ilusiones suyas o esté ante un inminente ataque terrorista. Nunca se está realmente a salvo ni sabes quien es tu vecino. Basado en los atentados de Al-Qaeda con coches bomba en 1998 a las embajadas americanas en países africanos, Arlington road se adelantó un par de años a los que ocurrió el 11 de septiembre de 2001 y tiene un final de verdadero infarto.
Quien sabe si Bin Laden no se inspiró en películas como El club de la lucha o Arlington road para sus atentados del 11-S. Puede que las imágenes de monumentos destruidos de las pelis de Hollywood le inspirara alguna idea. Incluso puede que Al-Qaeda guarde alguna similitud con la organización terrorista Spectra de la saga de 007.
Tras los atentados del 11-S el cine de Hollywood tomó conciencia del problema. Ya otras muchas veces Hollywood había servido de propaganda o mero instrumento publicitario (como en Rambo 3), pero esto era distinto. El terrorista ya no es el villano de turno, es una amenaza muy real y necesita un enfoque distinto. Con películas tan dramáticas como United 93 de Paul Greengrass o World Trade Center de Oliver Stone se narraba el heroísmo de personas normales ante los ataques del 11-S, el americano medio se convierte en un héroe cuando la situación lo requiere. Incluso un crítico con el sistema como Oliver Stone olvida sus críticas para narrar un heroico hecho real.
Incluso Spielberg se dejó de invasiones alienígenas y se puso serio con su película Munich (2005) en la cual denuncia el terrorismo de Estado llevado a cabo por Israel tras los atentados llevados a cabo en las olimpiadas de 1972. El mensaje del film es claro: la violencia sólo genera más violencia y no soluciona el problema. ¿Hasta donde estamos dispuestos a llegar para acabar con el terrorismo? ¿Cualquier cosa vale? ¿Hemos de sacrificar nuestra libertad para vivir más seguros?

Las guerras de Irak y Afganistán, la prisión de Guantánamo y la lucha contra el terrorismo iniciada por el Presidente George w. Bush nos han ido dando películas interesantes durante estos últimos años. Podríamos citar Syriana, En tierra hostil, La sombra del reino, Unthinkable, Las tortugas también vuelan, Expediente Anwar o las recientes Caza a la espía o Código fuente.
¿Mi película favorita sobre terrorismo? Cualquiera de las citadas es recomendable, pero me quedo con Paradise now, me parece que ofrece una visión muy interesante.
viernes, 16 de julio de 2010
Jeff Dunham y Achmed
Recientemente he descubierto a Jeff Dunham, un ventrílocuo norteamericano con unos personajes de lo más carismáticos y un impagable humor negro. Aún no me explico cómo le dejan en su país hacer humor sobre ciertos temas tras el 11-S. Hoy pongo el vídeo de Achmed, el terrorista muerto.
viernes, 25 de septiembre de 2009
El club de la lucha (Fight club)

El club de la lucha (Fight club) es una de las películas más perturbadoras de década de los 90. Basado en la novela de Chuck Palahniuk (Choke), el film de Fincher es tan transgresor como fascinante. Un film que hoy no creo que ningún gran estudio quisiera financiar.
El narrador (nunca se dice el nombre del personaje de Edward Norton) lleva una vida aburrida, vive en un apartamento que paga gracias a un anodino trabajo en una aseguradora. Su vida es gris, demasiado gris, y carece de sentido. Lo de tener un trabajo para pagar las deudas y los muebles de los que se encapricha no le satisface. El consumismo le ha acabado produciendo un profundo sentimiento de vacío. Busca algo más que poseer cosas que no llevan a la felicidad. Busca sentirse bien, no sentirse dirigido por un consumismo sin sentido. Busca no ser sólo un número, no sentirse como un cordero dentro de un rebaño. Quizás por eso acude a terapias de grupo para afrontar cánceres que él no padece. Para sentir que hay alguien que es realmente más desdichado que él. Y encima con motivos.
Pero la vida del narrador cambiará cuando conozca a Marla Singer (Helena Bonham Carter), otra paria social que acude a terapias que no necesita. En ella verá a su igual a su alter ego, su amarga media naranja.Pero su vida cambiará aún más cuando conozca a Tyler Durden (un Brad Pitt magnífico en todos los sentidos), un tipo realmente fascinante. Su afición es insertar fotos de penes en las películas infantiles provocando un efecto subliminal en la audiencia. También vende jabones que el mismo elabora con la grasa que roba de las clínicas de liposucciones. Tyler les devuelve a las ricachonas sus enormes culos en forma de pastillas de jabón. Reciclar es el futuro.

Tyler es independiente, no parece sentir afecto por nadie y es más listo (mucho más listo) que la media de personas que viven encerradas dentro de la jaula de oro del capitalismo. Tyler arrastrará a nuestro amigo el narrador hasta un oscuro submundo de peleas y auto destrucción. Para Tyler no tiene sentido buscar el sentido de la vida. Todo es mentira, nada vale realmente la pena. La sociedad crea unos miedos y unas estúpidas normas morales para mantener a los corderos dentro del redil. Pero Tyler no es sólo un loco elocuente, es un terrorista decidido a acabar con la sociedad empezando por su propio cuerpo. La autodestrucción es la respuesta. Tyler quiere imponer su nueva doctrina a base de explosivos caseros.

David Fincher (Zodiac, Seven, El curioso caso de Benjamin Button) imprime un ritmo vertiginoso al film logrando que atrape al espectador desde el principio y no te suelte hasta el final. Fincher usa magistralmente todo tipo de trucos narrativos, sonoros, visuales y hasta digitales para plasmar el universo Palahniuk: flashbacks, saltos temporales, la omnipresente voz en off, fotografía en tonos verdes, un montaje endiablado, etc.
A destacar ciertas escenas como la que ocurre en la oficina del jefe, los discursos, las escenas inicial y final (que no dejan de ser la misma) y un largo etcétera de momentos difícilmente olvidables.
Sólo pasados 2 tercios del film baja algo de ritmo, pero es momentáneo, un paso atrás para coger carrerilla hasta un final sorprendente. Un final que nos hace preguntarnos quienes somos realmente y qué parte de nuestra personalidad es impostada. Todos deseamos ser otra persona o, al menos, mejorar ciertos aspectos de nuestra personalidad ¿o no?. Todos tenemos complejos y aspectos que nos gustaría mejorar. ¿Seríamos mejores personas si superáramos nuestros complejos? ¿No sería más fácil aceptarnos como somos que mostrarnos ante los demás como algo que no somos? ¿Qué pasa si nos inventamos una personalidad que sea tal y como nos gustaría ser a ojos de los demás?
Fincher gastó 50 millones de dólares en una película que es toda una patada entre las piernas del capitalismo y la sociedad de consumo. Aún no entiendo cómo un gran estudio se decidió a financiar una película así en 1999. Lástima que la corriente puritana que asoló a Hollywood (y al mundo entero) tras el 11-S hiciera que otros films transgresores se quedaran en el tintero. Por suerte, Fight club se rodó a tiempo. No olvidemos que en una escena de esta película un edificio se derrumba de forma bastante parecida a la que lo harían las torres gemelas dos años después. Tras el 11-S hubiera sido imposible rodar un film así.
1999 fue el año de Matrix pero yo creo que la propuesta formal y de fondo de Fight club es mucho más interesante. Han pasado los años y sigo pensando que Fight club es un gran film, divertido y subversivo y con un mensaje aún válido.
Usa jabón.

sábado, 20 de junio de 2009
LA NIEBLA (The mist)

Frank Darabont ya había adaptado novelas de Stephen King en Cadena perpetua (The Shawshank Redemption) y La milla verde, sus dos mejores películas. Luego dirigió The Majestic (con Jim Carrey, ni fu ni fa) y escribió un guión para la cuarta peli de Indiana Jones que entusiasmó a Spielberg pero que George Lucas rechazó por algún motivo que se desconoce. En 2007 Darabont se atrevió con otra adaptación de un relato de Stephen King: La niebla.
No debemos confundir esta película (The mist) con la de 1979 de John Carpenter también llamada La niebla (The fog). La de Carpenter está considerada hoy día como una cinta de culto en la que unos zombis atacaban un pueblo costero en busca de venganza. A pesar de compartir título en castellano, ambas películas no tienen mucho en común.
Centrándonos en la peli de Darabont, me gustó mucho el arranque, cuando aún no sabes qué se esconde tras la niebla. Ese miedo a lo desconocido me parece muy inquietante. La película pierde bastante interés cuando descubrimos qué acecha a los protagonistas entre la espesa niebla, sobre todo cuando es algo tan inverosímil que ni ellos mismos acaban de creérselo. Parece que la tensión se ha disipado de forma irreversible y vamos a caer ante un fallido producto de ciencia ficción lleno de elementos inverosímiles, pero no.
Entonces la peli se convierte en un drama sobre personas atrapadas y sometidas a una experiencia extrema. La amenaza del exterior es menos terrible que los monstruos interiores de cada personaje. Los que busquen un film de terror probablemente saldrán decepcionados. La peli tiene algunas escenas (la de la farmacia por ejemplo) que me recordaron a Aliens de James Cameron o Aracnofobia, pero funcionan mejor las escenas en las realmente no ves la amenaza (la escena de la cuerda), lo que no se ve casi siempre da más miedo. El tratamiento de los personajes es lo que convierte a esta cinta en una peli de terror bastante atípica. Los roles que cada uno va adoptando en la sociedad y cómo ésta se organiza y evoluciona convierten a la peli en casi un ensayo sociológico. Me pareció muy interesante el personaje de la fanática religiosa, es todo un ejemplo de cómo el miedo nos hace primitivos. Se podría interpretar que el film realiza una metáfora del pueblo norteamericano (y el resto del mundo) tras el 11-S: una amenaza exterior puede hacer desear a los ciudadanos perder libertades en busca de mayor seguridad. Como a los personajes del film, el miedo puede llegar a controlar nuestras vidas y radicalizar nuestras convicciones.
Aunque Darabont es un buen director (consigue que los niños no sean tan repelentes como suelen ser en este tipo de pelis, ni está claro quienes ni cómo van a ir pereciendo los personajes) al nadar entre dos aguas (terror y drama) la cosa no acaba de funcionar del todo. Creo que hubiera ganado puntos si no hubiera mostrado la amenaza de forma tan obvia. La peli hubiera funcionado bastante mejor. Siempre lo desconocido aterroriza más. A destacar el final, esa escena final con la canción “The host of Seraphim” del grupo Dead Can Dance, es realmente escalofriante y desoladora.
En cuanto a los actores, Marcia Gay Harden y Toby Jones bordan sus papeles de fanática y dependiente respectivamente. El resto del reparto está correcto.
Lo dicho, no es una peli de terror al uso. Unos la odiarán y otros la amarán. Yo le doy un
6,5
domingo, 3 de mayo de 2009
Man on wire (2008)

El 7 de agosto de 1974 el acróbata francés Philippe Petit caminó sobre un cable entre las torres gemelas de Nueva York en lo que se considera el crimen artístico del siglo XX.
Este imprescindible documental (ganador del Oscar al mejor documental en 2008) es mucho más que un documental sobre la gesta de unos locos que desafiaron todas las reglas para lograr un sueño. Mediante entrevistas, imágenes de archivo y reconstrucciones James Marsh consigue que el espectador se apasione casi tanto como los protagonistas con su sueño. Un sueño de libertad y desafío a las normas y a toda lógica. Una proeza tan arriesgada y estúpida como apasionante. Un acto ilegal inocuo (si todo iba bien) o mortal (si algo salía mal).
La narración es prodigiosa, no decae en ningún momento, y ciertamente se logran momentos de gran belleza y poesía visual. Las músicas de Michael Nyman y Erik Satie, unidas a las asombrosas fotografías del evento, crean unos de los momentos más bellos del cine reciente.
Pero el film no son sólo imágenes bonitas, la meticulosa reconstrucción de los hechos, la pasión de los testimonios y ciertos toques de humor gracias al excéntrico personaje que sigue siendo Petit proporcionan al documental un cierto halo épico. El hecho que las torres gemelas ya no existan le confiere además un aspecto de nostalgia en el que el documental no quiere adentrarse, nada se dice del 11-S, no hace falta, todos sabemos que la gesta de Petit es irrepetible.
En definitiva, recomendable para los que no se ajusten a las normas o aún les quede algún sueño.
Este imprescindible documental (ganador del Oscar al mejor documental en 2008) es mucho más que un documental sobre la gesta de unos locos que desafiaron todas las reglas para lograr un sueño. Mediante entrevistas, imágenes de archivo y reconstrucciones James Marsh consigue que el espectador se apasione casi tanto como los protagonistas con su sueño. Un sueño de libertad y desafío a las normas y a toda lógica. Una proeza tan arriesgada y estúpida como apasionante. Un acto ilegal inocuo (si todo iba bien) o mortal (si algo salía mal).
La narración es prodigiosa, no decae en ningún momento, y ciertamente se logran momentos de gran belleza y poesía visual. Las músicas de Michael Nyman y Erik Satie, unidas a las asombrosas fotografías del evento, crean unos de los momentos más bellos del cine reciente.
Pero el film no son sólo imágenes bonitas, la meticulosa reconstrucción de los hechos, la pasión de los testimonios y ciertos toques de humor gracias al excéntrico personaje que sigue siendo Petit proporcionan al documental un cierto halo épico. El hecho que las torres gemelas ya no existan le confiere además un aspecto de nostalgia en el que el documental no quiere adentrarse, nada se dice del 11-S, no hace falta, todos sabemos que la gesta de Petit es irrepetible.En definitiva, recomendable para los que no se ajusten a las normas o aún les quede algún sueño.
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sábado, 28 de febrero de 2009
W.

La historia de cómo George W. Bush llegó a presidente y cómo se convirtió en el presidente peor valorado de la historia.
El 11-S cambió muchas cosas en Estados Unidos y en el mundo entero. Una de las cosas que se derrumbaron junto con las torres gemelas parece ser que fue la ácida crítica de Oliver Stone hacia el gobierno norteamericano.
Tras las duras denuncias de épocas de presidentes anteriores como JFK o Nixon, ahora Oliver Stone se ha atrevido con una película sobre un presidente americano mientras éste aún estaba gobernando. Desde luego, valor no le falta.
El problema es que la película no es todo lo irónica o cínica que cabría pensar viniendo de quien viene. George W. Bush no es presentado ni como un tirano ni como un idiota. Yo, sinceramente, me esperaba una película con mucha más mala uva. Stone parece domesticado y muestra a W. como un niño rico a la sombra de su padre y que no sirve realmente para nada. Pero no lo convierte en una caricatura ni acaba de reírse de él. Más que reírse de Bush, Stone hace una sutil crítica a un sistema y una clase política en la que alguien sin ningún mérito ni talento especial puede llegar a presidente si tiene los contactos necesarios.
Stone no hace leña del árbol caído (quizás hubiera sido demasiado fácil). Puede que W. no haya destacado nunca en nada y que ser hijo de otro presidente le allanara el camino hasta la presidencia pero no toda la culpa es suya. Hay una nación que lo eligió como presidente, dos veces.
El estilo de Stone sigue estando latente: esos continuos saltos temporales, ese montaje endiablado, esos diálogos geniales y esa ironía marca de la casa aparecen en el film, si bien bastante rebajados de tono. La película se deja ver pero no fascina ni de lejos como otras biografías de Stone (Nixon, Alejandro) quizás porque el personaje esta vez no es tan fascinante o porque simplemente nos resulta demasiado cercano.
Nixon tuvo su Vietnam (y su Watergate) y aún hoy genera polémica y films sobre su gestión (El desafío, Frost contra Nixon). Pero Bush no creo que genere muchas películas más allá de las de Oliver Stone o Michael Moore (Fahrenheit 911 o Sicko). Al menos Nixon tuvo que dimitir, Bush se ha ido de rositas. Al menos, las guerras de Irak y Afganistán sí están generando películas interesantes (Hurt Locker).
Volviendo a la peli, Stone se toma su tiempo en mostrarnos los entresijos de la política exterior norteamericana y sus desastrosas consecuencias bajo el mandato de W. La importancia del petróleo queda patente en una de las estupendas escenas del gabinete de gobierno de Bush. Las extensas escenas de dicho gabinete me parecen de lo mejor de la película. En ningún momento se plantean los costes en vidas humanas. Bush hijo se nos presenta obsesionado por acabar con Saddam Hussein (algo que su padre tuvo al alcance de su mano y se negó) aunque hubiera otros países potencialmente mucho más peligrosos.
También ciertas anécdotas de la vida del presidente 43 son narrados de forma bastante franca (las novatadas universitarias, el incidente de la galleta, su alcoholismo, su fe) sin ensañarse con el personaje ni caer en el sarcasmo. Muchos aspectos polémicos de su mandato se han omitido deliveradamente (Guantánamo, torturas, el día del 11-S). Lástima que el incidente del zapatazo en Afganistán se produjera después de estrenarse la peli, hubiera sido un gran final.
Los actores están muy bien, ha predominado la interpretación frente al parecido físico. Josh Brolin compone un George W Bush muy creíble (nada caricaturesco), atormentado por no llegar a la altura de su padre y finalmente exultante al acabar con Saddam, aunque la alegría le durará poco. El resto del reparto está muy bien,yo destacaría a Ellen Burstyn como Barbara Bush, James Cromwell como George H. W. Bush, Richard Dreyfuss como Dick Cheney y Jeffrey Wright como Colin Powel. Me sorprendió la caracterización de Thandie Newton (Misión imposible 2, Rocknrolla) como Condoleezza Rice (apenas tiene frases de diálogo pero el maquillaje logra un parecido asombroso). Elizabeth Banks como Laura Bush aparece poco, la verdad.
Un film valiente y bien hecho pero demasiado condescendiente.
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