Tener delante y tan cerca a un tipo como Daniel Higgs impresiona tanto por su aspecto bohemio como por lo que significa. Una de esas figuras clave para entender parte de la música underground norteamericana, con una importancia inversamente proporcional al escaso reconocimiento mediático generalista, Daniel Higgs representa todo un icono a tener en cuenta para los seguidores del post-hardcore 90´s y del rock experimental desde aquella década hasta nuestros dias. La mayor parte de su carrera al frente de los esenciales Lungfish y en su haber docenas de referencias discográficas, deberían ser suficiente aval cuanto menos para haberse ganado un respeto, que ya de por sí impone sin proponérselo.
Su música, sus numerosos tatuajes, su filosofía de vida, su arte... todo quedó reflejado ante nuestros ojos mientras tomaba como herramienta tan solo un banjo de cuello largo. La mayoría de espectadores cogimos aposento en el suelo mientras Daniel Higgs empezaba el concierto, y con el mismo efecto que provoca un encantador de serpientes caímos abducidos con la primera canción instrumental, que se prolongó durante media hora de contínuo. No era por tanto de extrañar que tras ese "calentamiento" optara por pasar directamente a los estiramientos de todas sus extremidades (brazos, cuello, manos y piernas), provocando con ello alguna que otra sonrisa entre la audiencia, que aun siendo reducida tuvo bastante representación femenina. No estaría mal que cundiese este ejemplo para el futuro.
Después la actuación transcurrió por los mismos derroteros, apenas cantó salvo dos o tres canciones, repasando sus últimos trabajos: "Beyond & Between" (2011) y "The Measure of Mystery" (2012). Alguna que otra melodía silbada y el golpeteo de sus pies contra el suelo nos indujeron hacia un lirismo enigmático dejándonos todavía aún más embobados. Fue como si estuviera tocando para cada uno de nosotros en el salón de casa, como si formáramos todos parte de un ritual íntimo y personal, rodeados por una alquimia sonora generada por un extraño chamán con poderes hipnóticos y ancestrales. Hábil en la improvisación y demostrando una gran destreza manual, pocos músicos tienen el don de transmitir tanto valiéndose de mínimos recursos y Daniel Higgs lo consigue sin apenas esfuerzo de un modo muy natural.
La sensación que nos dejó tras hora y cuarto fue muy gratificante, como una cura de alma y espíritu después de haber sido partícipes de una ceremonia mística para la cual no hacia falta ser necesariamente creyente, ni adulador de ningún Dios, solo dejarse llevar por las emociones de una música sencilla, poco convencional pero sincera, despojada de artificios y honesta como su creador. Indudablemente fue un concierto muy especial.
"Return", grabada con mi cutre cámara de fotos digital
