Comprobado, después del concierto del jueves el Savoy seguía en su sitio y preparado para resistir otra descarga de música extrema el fin de semana. Había que acercarse para ver un triple cartel a priori muy interesante, que finalmente se quedó en dos, ya que días atrás se cayeron los asturianos Humo por motivos que desconozco. Supongo que esto debió influir en la poca asistencia de público que tuvo este evento, una pena, porque meter a un grupo local te asegura casi siempre una buena cantidad de gente y evita en parte que el promotor se lleve un ostiazo como el del domingo, cuando se arriesga a traer un buen grupo underground no muy conocido.
Alrededor de veintitantas personas nos dimos cita para ver en directo a 16, una de las bandas pioneras dentro del hardcore metal americano de principios de los ´90. Esta era su primera gira europea en 20 años de carrera y Gijón fue una de sus últimas paradas antes de aterrizar en el próximo HELLFEST (allí estarán el 20 de junio junto a KISS, Slayer, Motorhead, Deftones...entre otros). Con ellos venían The Orange Man Theory, un grupo de jovenes italianos que los acompañan en estas últimas semanas y que bien me los podía haber ahorrado. No me gustaron mucho, muy ruidosos, con un cantante haciendo lo imposible por desgañitarse mientras el bajo, que estaba demasiado alto, tapaba al resto de instrumentos. Con decir que lo más interesante coincidió con la aparición estelar de Gregory, ese personaje mítico que se deja ver por algunos conciertos gijoneses haciendo sus llamativos bailes. Mucha risa cuando cogió al cantante por banda y le explicó la táctica a seguir como si fuera "el mister del equipo".
Pero con 16 cambió la cosa, el sonido de los californianos fue bastante mejor y se nota que llevan en esto mucho tiempo. Los pocos que éramos nos reajuntamos ya más cerca del escenario para ver como funciona esta banda igual que una máquina destructora: Desde el primer segundo Bobby a la guitarra repartía unos tremendos riffs a cual más aplastante. Cris con una voz espléndida no paró ni un segundo, siempre muy activo por el escenario, mientras Mateo y Tony creaban una base perfecta para hacer headbanging al ritmo que marcaban sus notas. Me gustaron bastante, aunque no me voy a extender mucho porque ellos tampoco lo hicieron, y este fue el único pero de su actuación: el tiempo. Con nosotros tocaron 40 minutos menos que mismamente lo que hicieron hace un par de meses en Ravenna (Italia) en condiciones similares, es decir, en una sala y delante de muy poca audiencia. Para un festival entiendo que 50 minutos sea una duración normal pero para un concierto de sala no deja de ser escaso. Repito, me gustaron mucho pero se me pasó volando. En cuanto al set list, nada que objetar, todo pepinazos que a poco más que se lo hubieran currado habrían quedado de puta madre. Era tan fácil como estirarlo tocando algunos bises por ejemplo.
Y ya digo, es una lástima que hubiera tan poca gente viéndolos porque son realmente buenos y merecían mejor audiencia, pero nosotros también nos merecíamos algo más.